Niño Jesús
Alonso Martínez (Talla) y Gaspar de Ribas (Estofado y policromía)
1644
Madera policromada y estofada y pedrería.
Cruz de plata de ley
Según su aspecto compositivo, cabe señalar que se trata de una imagen en actitud de bendecir con la diestra, mientras con la izquierda sujeta una fina cruz de plata, símbolo de la Redención, de acuerdo con una composición muy común en el Resucitado utilizado por otros autores de la época.
Con el empleo de esta fórmula, se quería mostrar la identidad del nombre de Jesús con el misterio de la Salvación.
A esta idea contribuye el trono de querubines sobre el que se alza, pues estos seres angélicos se consideran guardianes de Dios.
Viste túnica corta de cuello amplio, muy movida y plegada con fuertes contrastes de luces, más semejantes a los producidos por el papel que por las telas, algo muy propio del gusto castellano, representado en nuestro medio por el leonés Alonso Martínez según se aprecia en la Concepción grande del Corpus Hispalense.
Es de color rosado, aludiendo a la púrpura de reyes y emperadores, dado que este tinte, fabricado con la cutina de los muricidos, por su alto precio constituía un innegable signo de distinción social y Jesús como providencia divina hace uso de este atuendo real mostrándose al mundo como nuevo Salomón.
San Juanito
Atribuido a Francisco Dionisio de Ribas
Mediados del siglo XVII
Madera policromada con decoración de estofado y piedras preciosas
Cruz y labarum de plata de ley
Esta escultura forma pareja con la figura del Niño Jesús y, aunque no se encuentran referencias documentales sobre su origen, se atribuye a Francisco Dionisio de Ribas, quizás porque originalmente perteneció al retablo que este artista creó para el Niño Dios, con el que también comparte ciertas afinidades estilísticas, en particular en lo que respecta a la decoración de estofado y las policromías.
La base teológica para esta representación infantil del Precursor se encuentra en la liturgia de su Natividad, cuyo gradual proclama: «Antes de formarte en el vientre, te conocí; y antes de que nacieras, te santifiqué».
Y se complementa con los cantos del Aleluya y la Comunión en la misma solemnidad, añadiendo: «Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos».
Esto explica la proliferación de esculturas de este tipo, tanto dentro de la Escuela Sevillana como en otras tradiciones artísticas hispanas y extranjeras.
El santo está elegantemente vestido con una túnica de piel de camello adornada con piedras preciosas y abrochada en un hombro, mientras que el otro permanece completamente desnudo y descubierto.
Se le muestra en el acto de señalar con una mano hacia el Cordero —»He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»— mientras que con la otra mano sostiene un labarum que lleva el mensaje en latín: Ecce Agnus Dei.
Pinturas murales, vidriera y ángeles lampareros.
Para complementar el retablo del Altar Mayor se contrató la decoración pictórica del presbiterio al pintor Rafael Rodríguez Hernández, quien entregó un presupuesto de 60.000 pesetas, que importaba 9.000 pesetas más si se ejecutaba con oro fino. Para cubrir dicho gasto, el Diputado Mayor de Gobierno inició una suscripción de 100 pesetas por persona. Como motivo ornamental un grupo de ángeles mancebos portan cintas con la leyenda alusiva a la advocación de la Santísima Virgen de la Amargura en el libro de Ruth. En uno de los testeros la leyenda se puede leer en castellano y en el otro en latín. Igualmente, un retrato del Papa Pio XII, Pontífice que concedió la Bula Papal para la Coronación Canónica de la Santísima Virgen en el año 1954. En los primeros días del mes de marzo se confirma la conclusión de dicho trabajo pictórico. En el presbiterio fueron también ubicados dos cuadros que representan el Triunfo de la Inmaculada Concepción, y el Tránsito de la Virgen, ambos se colocaron en el presbiterio en 1959, anónimos del siglo XVIII; en el primero se representa a una Inmaculada de inspiración murillista bajo la Trinidad y sobre una torre que ostenta los tributos de las letanías. Alrededor de ella se disponen numerosos demonios, símbolo del pecado, atacando, infructuosamente, con flechas la citada fortaleza; también aparecen dos arcángeles, el Sol y la Luna con caras humanas y el dragón del pecado rendido y en el segundo cuadro, el momento en que la Virgen es trasladada sobre los hombros de los apóstoles hacia su tumba (representada en el extremo derecho), acompañada por una multitud condolida, que sale de la población a través de una puerta monumental de arquitectura clásica.
También se instaló una vidriera en el presbiterio decorada con el escudo de la Hermandad que tuvo un coste de 6.000 pesetas. Dicha vidriera se restauró en 1999.
A ambos lados del presbiterio dos ángeles lampareros de magnífica factura del siglo XVIII. Si bien desconocemos su autoría, algunos historiadores los clasifican dentro de las obras del círculo del taller de Pedro Roldán.
Retablo del Altar Mayor
Procedente de la Iglesia de San Felipe de Carmona y fue ejecutado hacia 1770, firmado por el artista González guisado en 1777. De estilo barroco rocalla, estaba dedicado a la Virgen de la Encarnación.
La escritura de cesión fue firmada el 4 de junio de 1959 por el Sr. Cura Párroco de San Bartolomé de Carmona D. José Guzmán Espejo, por el Hermano Mayor de la Cofradía, D. Manuel Bermudo Barrera, con el V° Bº del Sr. Párroco de San Pedro y San Juan de la Palma, D. Francisco Cruces Martín y sellada con los de dichas Parroquias y Hermandades.
El precio fue establecido en 50.000 pesetas, teniendo que ser modificado para alcanzar la altura de 11 metros y la anchura de 6 metros que actualmente posee. Fue restaurado y dorado en oro fino por Francisco Ruiz Rodriguez, siendo su coste de 230.000 pesetas.
En julio de 1959 se montó en el presbiterio y fue bendecido el día 20 de marzo de 1960 por su Eminencia Reverendísima D. José María Bueno Monreal, Cardenal Arzobispo de Sevilla, colocándose en su camarín la imagen de María Santísima de la Amargura acompañada de San Juan Evangelista, siendo la primera Dolorosa en presidir el retablo mayor de una parroquia.
El retablo se compone de mesa de altar con el escudo de la Hermandad en el centro, banco o predela, un cuerpo y ático. En la parte inferior de los laterales se abren dos pequeñas puertas con doble hoja que dan paso a la sacristía menor.
El banco se adorna con rocalla dispuesta verticalmente con objeto de ganar altura. En el centro, el Sagrario de forma semicircular, con la figura del Buen Pastor pintada en la puerta con una oveja y una cartela que dice » Yo soy el Buen Pastor», enmarcado todo por un arco mixtilíneo cubierto de ornamentación a base de hojarasca que se adentran en el primer cuerpo del retablo.
El retablo se divide en tres calles. En el centro del primer cuerpo o calle central, se abre el camarín donde se veneran las Imágenes de la Virgen y San Juan Evangelista. Tiene forma semicircular y está rematado por motivos vegetales que, partiendo de la clave del arco, se meten en el ático.
Las calles laterales están formadas por dos especies de pilastras cajeadas con decoración intermitente dispuesta de manera vertical, al igual que se describió en el banco, para conseguir mayor sensación de altura.
En el centro de cada una se encuentran las magníficas Imágenes del Niño Jesús y San Juanito, piezas estelares de la representación infantil en el barroco sevillano.
Los dos se encuentran en sendas peanas enmarcados por hornacinas muy simples, semicirculares en su parte superior y con suaves líneas onduladas en los laterales.
A ambos lados, en sendos paños que toman la altura del camarín, se encuentran las mariologías o atributos de la Virgen, añadiéndose cuatro símbolos de la letanía en 1959 para adaptarlo a la nueva ubicación.
De arriba abajo y de izquierda a derecha son: un Jardín cerrado, Estrella del mar, Alta como la pal-mera, Oliva vistosa, Casa de Dios, Escogida como el sol, ciudad de Dios, Fuentes de huertos, Puerta del cielo, Planta de rosas, Hermosa como la luna, Pozo de agua viva, Espejo sin mancha, Torre de David con baluarte, Alta como el ciprés y Arca de la Alianza.
La Torre de David se representa como la torre de San Bartolomé de Carmona, lo que delata su procedencia.
Los extremos del retablo se enmarcan con estípites profusamente decorados y con ensanchamiento acusado en los éntasis.
Todo este único cuerpo se encuentra separado del ático por una ancha cornisa con movimientos curvilíneos, que se eleva en su parte central para acoger el remate del camarín con el emblema de la Realeza de María. Dicha cornisa fue construida por nuestro hermano Don Antonio Diaz Fernández, por un importe de 2.000 pesetas.
El ático está totalmente cubierto de decoración rocalla, a diferencia del cuerpo anterior. En su parte central y en la misma línea en que se encuentra el camarín del primer cuerpo, se sitúa una hornacina con la Imagen titular de la Iglesia, San Juan Bautista. A ambos lados se sitúan dos medallones en relieve que representan a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen, para terminar en sus extremos con dos ángeles con una rama de olivo en las manos.
Este ático se encuentra a su vez rematado con una pequeña cornisa rota y elevada en su parte superior y limitada por dos ángeles que abren sus brazos dando paso al remate final del retablo, que está formado por un medallón con la escena de la Anunciación, rodeado de la misma decoración rocalla que el resto del retablo.









