Iglesia de San Juan de la Palma

Iglesia de San Juan de la Palma


Sobre el nombre:
 

La anécdota se contaba en el siglo XVII y fue recogida por Ortiz de Zúñiga: un predicador de la parroquia dijo que los herejes debían tener cuidado porque sus blasfemias las oían las paredes y las piedras.

Uno de ellos, queriendo contrariarle, declaró junto a la palmera de la plaza que la Virgen no había mantenido su pureza después del parto. Al día siguiente fue a denunciarle un viejo que le había escuchado.

El hereje lo negó todo y el tribunal preguntó por el viejo denunciador. 
Sin embargo, los vecinos le dijeron que llevaba muerto y enterrado muchos años debajo de las palmeras de la plaza.

Breve reseña:

San Fernando mandó construir el templo sobre una antigua mezquita erigida en el siglo XI.

El templo se convirtió en el siglo XIV en una construcción gótico – mudéjar. Lo más antiguo que hoy se conserva es el cuerpo interior de la torre, de construcción mudéjar, la bóveda de la capilla sacramental, también mudéjar, y la portada de los pies del templo.

El exterior del templo destaca por su sobriedad; en la zona de los pies se levanta una portada de estilo ojival, que se sostiene por medio de baquetones que se elevan hasta la línea de imposta, la cual se encuentra decorada con ornamentación vegetal. La portada está rematada por un tejaroz.

En la fachada de la calle Feria, en su lado izquierdo, a través de una ventana, se puede ver el Cristo de los Afligidos, advocación procedente del desaparecido Convento de Regina Angelorum, y a continuación un retablo de cerámica, con la imagen del Señor del Silencio, obra de A. Carlos Orce (1996-1997).

En la parte que da a la calle Regina, figura el retablo de cerámica de M. ª Santísima de la Amargura y San Juan Evangelista, de Manuel de la Lastra, Marqués de Benamejí (1918).

El templo es de tres naves, con presbiterio, coro a los pies y capillas laterales.

El Altar Mayor, procedente de la iglesia de San Felipe de Carmona, realizado por Francisco González Guisado en 1777, después de algunas modificaciones, fue restaurado y dorado en oro fino por Francisco Ruiz Rodríguez en 1960. Los frescos del presbiterio fueron realizados por Rafael Rodríguez Hernández. En él se veneran las imágenes de María Santísima de la Amargura (obra anónima del siglo XVIII) y San Juan Evangelista (Hita del Castillo, 1760). También se encuentran en dicho altar las imágenes del Niño Jesús (Francisco de Rivas, 1664) y de San Juan Niño (autor anónimo).

En el retablo de la nave de la Epístola, junto al presbiterio, de estilo barroco, se encuentra la imagen de vestir de Santa Ángela de la Cruz, y a sus pies, una reliquia de esta.

Con independencia de los restantes retablos y pinturas anónimas de los siglos XVII y XVIII, es digna de destacar la capilla sacramental, en la que se venera la imagen de Nuestro Padre Jesús del Silencio (taller de Pedro Roldán, 1698 aprox.).

Es digno de mencionar la capilla de los Esquivel, que, ubicada a los pies de la torre, fue adquirida en 1511 por la familia Esquivel como capilla funeraria y en la que en 1724 tomó posesión la hermandad de la Amargura tras su traslado desde la iglesia de San Julián. Desde entonces hasta 1904 en que se fusiona con la Sacramental de San Juan de la Palma, tuvieron cultos los titulares de la Cofradía. En época reciente fue descubierto en su muro principal los restos de lo que se ha identificado como la escena de Los desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría.