Custodia
Según documenta José Damián Huerta Hidalgo, antiguo archivero de la hermandad, la hermandad adquiere una custodia de madera, pintada en blanco y dorado, obra de carpintería de Francisco Ruiz, en 1948, en un proceso de renovación del patrimonio propio de la Sacramental tras el saqueo del año 1936. El hermano Eusebio Pérez Romero, dona la madera, y pasa a formar parte del monumento del Jueves Santo. Todo el conjunto del monumento, en el que se incluye la custodia, sustituye a uno anterior que se montaba en la capilla Sacramental. generalmente, se utiliza por partes y no de forma completa, puesto que generaría una gran pirámide escalonada que ocupa el ancho de la nave de San Juan de la Palma, según testimonios gráficos de la época.
Se deduce, por la documentación publicada, que se adquiere sin intencionalidad de procesión. Aunque se la considera de nueva factura, entronca directamente con otras custodias neoclásicas de madera dorada de la ciudad, como por ejemplo la de la parroquia de San Isidoro. Presenta dos cuerpos, el primero de una planta cuadrada con chaflanes que sustenta un doble orden de columnas gigantes en sus cuatro equinas, y un sistema de cuatro arcos de medio punto sostenidos por un orden menor de columnas que se conectan entre sus caras con un sistema de arcos de medio punto peraltados. El segundo es de planta circular, rematado por un templete que corona un cupulín con la figura de la fe, en clara concomitancia con la tradición más asentada de custodia procesional, basándose en el ejemplo de la de Arce de la S.I. Catedral de Sevilla. Presenta labrados capitales de orden corintio, así como de orden jónico en el segundo cuerpo. Presenta un respeto a los arquitrabes tradicionales del orden clásico, como recoge Vitrubio, así como un juego de cuatro pequeñas jarritas que adornan las esquinas del barandal que une el primer cuerpo con el segundo. Presenta igualmente pequeñas placas ornamentales neobarrocas en los espacios que pueden acogerlos, como plintos o frisos con labrados en los estucos Actualmente, se encuentra dorada en oro fino, en un estado mediano de conservación. Todo el conjunto se asienta en una peana de planta cuadrada que se adorna con un estilizado motivo repetitivo de palmetas o acantos, de clara inspiración orientalizada que queda descontextualizado del estilo de la custodia de torre. Este basamento es lo único que ha conservado la bicromía del blanco y oro con que se concibió originariamente todo el conjunto.
El primer cuerpo queda expedito para utilizarse en el Jueves Santo con la urna de la reserva, una discreta obra menor rematada en origen por tres cruces en forma de calvario, o con la custodia- ostensorio o el sagrario, en función del momento en que se use dicho bien mueble. La hermandad utiliza indistintamente todo el conjunto completo o solamente el primer cuerpo. En el caso de la procesión, en el segundo cuerpo se encuentra actualmente ocupado por un Serafín arrodillado, que presumiblemente formaría pareja con otro en la adoración de la Eucaristía. La profesora María Jesús Sanz asevera que casi con total seguridad, en el segundo iría un cordero místico apocalíptico, actualmente desaparecido. La hermandad ha utilizado profesionalmente dicha custodia, cuando ha organizado procesiones extraordinarias del santísimo Sacramento por la feligresía, así como su utilización en diversos altares de culto interno o de exornos de la procesión general del Corpus Christi de la ciudad.

