|
Sobre una antigua mezquita erigida hacia el 478 San Fernando mandó construir el templo mudejar de cuyas huellas originales quedan restos en los piés del templo, bóveda sacramental y arranque de la torre. La Iglesia ha sufrido una serie de restauraciones, especialmente en los siglos XVII y XVIII. Posteriormente en el año 1.936, el templo, aunque no fue incendiado, padeció numerosos destrozos.
El exterior del templo destaca por su sobriedad. En la zona de los pies se levanta una portada de estilo ojival, que se sostiene por medio de baquetones que se elevan hasta la línea de imposta, la cual se encuentra con ornamentación vegetal. La portada culmina por medio de un tejaroz. En esta fachada de la calle Feria, a través de una ventana, se puede ver el Cristo de los Afligidos, advocación procedente del desaparecido Convento de Regina Angelorum, y a continuación un retablo de cerámica, con la Imagen del Señor del Silencio, obra de Orce Villar, bendecido el 8 de Febrero de 1.997. Sobre esta fachada asoma la impresionante espadaña, una de las más airosas y bellas de la ciudad. Está construída sobre el machón del antiguo alminar de la Mezquita. Se compone de dos campanarios en ángulo, el de menor tamaño trasladado desde otro lugar del templo, a principios del siglo XVIII. La portada Sur del templo, más moderna (siglo XVIII), se corona con paño de cerámica con leyenda alusiva al titular de la Parroquia, en concreto reza en latín las palabras de Cristo sobre San Juan Bautista: “No hay hombre nacido de mujer mayor que Juan el Bautista”. Muy cerca figura el retablo de cerámica de Nuestra Señora de la Amargura y San Juan Evangelista de Manuel de la Lastra, Marqués de Benamejí de 1.918. Otros azulejos están dedicados a las Animas del Purgatorio –éste antiguo- y a la Virgen de la Cabeza, contemporáneo.
El interior del templo es de tres naves, con presbiterio, coro a los pies y capillas laterales. El espacio del Presbiterio es fruto de la ampliación y profunda reforma del templo de principios del siglo XVIII. Las pechinas, con carnosas yeserías doradas representan a los evangelistas y la cúpula se adorna con decoración romántica del siglo XIX, rematada en el Espíritu Santo. El Retablo Mayor, originario de la Iglesia de San Felipe de Carmona, realizado por Francisco González Guisado en 1.777, fue ampliado, restaurado y dorado en oro fino por Francisco Ruiz Rodríguez para su instalación en este lugar en 1960. Sustituyó a otro de escaso mérito que a su vez había reemplazado al primitivo, desde antiguo trasladado a la Parroquia del mismo título en el Cerro de San Juan de Aznalfarache. En el actual se veneran las Imágenes de Nuestra Señora de la Amargura y San Juan Evangelista. También se encuentran en dicho altar las Imágenes del Niño Jesús y San Juan Niño. El primero es una obra destacadísima del siglo XVII, ejecutado en el año 1.664 por Francisco Dionisio de Rivas, la segunda escultura es anónima. En el retablo de la nave de la Epístola, junto al presbiterio, de estilo barroco, se encuentra la Imagen de vestir de la Beata Sor Angela de la Cruz, titular de la Hermandad y en la zona de la predela, en una especie de vitrina, se ha colocado una reliquia de la misma. Con independencia de los restantes retablos y pinturas anónimas de los siglos XVII y XVIII, es digno de destacar la Capilla Sacramental que era propiedad de Dª Francisca de Fuentes Guzmán Lugo, Marquesa de Fuentes, que otorgó escritura en Madrid el 21 de Agosto de 1.691, para que se diere culto al Santísimo Sacramento. Para ampliar dicha Capilla, se unió a ella otra perteneciente al Mayorazgo de los Ponce de León. El año 1933 se enriqueció con nuevos retablos y enfoscados. Rafael Blas pintó la cúpula con motivos eucarísticos. En dicha Capilla Sacramental, se venera la Imagen de Nuestro Padre Jesús del Silencio. A sus pies, el artístico sagrario de plata estrenado en 1960. |
|